Croquis y Trazos

Ajustar el grosor de líneas en Illustrator para mejorar planos de tesis

2026.06.22
Ajustar el grosor de líneas en Illustrator para mejorar planos de tesis de arquitectura

Un trazo de 0.1 puntos desaparece en cuanto pasa por el plotter de la escuela. Lo descubrí ajustando el grosor de líneas de mis planos de tesis en Illustrator, un ejercicio que mezcla arquitectura digital y dibujo técnico, y desde entonces ese detalle decide si una lámina de portafolio se lee bien o se convierte en una mancha gris a un metro de distancia.

Dos maneras de salvar la jerarquía de un plano de arquitectura

Cuando un plano sale sin relieve, sin jerarquía ninguna, hay dos caminos para intentar arreglarlo. El primero es resolverlo dentro de AutoCAD, afinando la tabla de estilos de trazado —el CTB— para que cada capa salga con el grosor correcto antes de exportar. El segundo es exportar el archivo tal cual, sin esperar que el PDF venga perfecto, y reconstruir toda la jerarquía de grosores ya dentro del panel de Trazo de Illustrator. Uso AutoCAD desde los primeros años de carrera, pero solo en los últimos meses de la tesis me puse a comparar en serio estos dos caminos, lámina tras lámina.

Spoiler de esta comparación: para una pieza pensada como comunicación visual, y no solo como base de datos técnica, el segundo camino gana casi siempre. Pero el primero no es inútil del todo, y entender por qué se queda corto ayuda a no repetir el mismo tropiezo dos veces.

Panel de trazo de Adobe Illustrator usado para dibujo técnico de planos de arquitectura

Ajustar el CTB en AutoCAD antes de exportar

Durante años di por hecho que si configuraba bien el CTB, el plano saldría perfecto sin tocar nada más. La lógica parece sólida: cada color de capa lleva asignado un grosor de pluma, así que en teoría el PDF debería salir ya jerarquizado. En la práctica, exporté los planos de AutoCAD directamente a PDF sin limpiar antes las capas, y los trazos terminaban duplicados sobre sí mismos: dos líneas casi idénticas, una encima de otra, que en pantalla no se notaban pero que en el plotter engordaban el dibujo hasta emborronarlo.

Esa entrega me costó una corrección incómoda, con mi tutor sin distinguir qué era un muro de carga y qué era simple tabiquería: el dibujo técnico estaba bien resuelto, pero la comunicación visual no lo estaba en absoluto. Cuando además llevé ese mismo PDF a la comisión de seguimiento de la tesis, el coordinador me preguntó qué programa había usado para las líneas, y no supe si tomarlo como un cumplido o como una manera amable de decirme que algo no cuadraba.

Sección arquitectónica impresa mostrando distintos grosores de línea para portafolio de estudiante

Compensación de pelear con las tablas de estilos de trazado

No estaba segura de si esto iba a funcionar, pero dediqué una tarde entera a revisar capa por capa el CTB, reasignando grosores de pluma color por color. El resultado mejoró, sí, pero seguía sin darme control fino: dos muros del mismo color de capa, uno cerca del observador y otro al fondo de la perspectiva, salían con idéntico grosor, aunque cumplieran papeles distintos en la lectura del plano. El CTB piensa en capas, no en composición, y ahí es donde este primer camino se queda corto para una lámina de tesis.

Además, cualquier ajuste fino obliga a volver a AutoCAD, reexportar y comprobar de nuevo en el plotter, un ciclo que en semana de entregas se vuelve insostenible. Mantener la escala correcta al exportar desde AutoCAD ya es una pelea aparte que me ha dado más de un dolor de cabeza, y no quería sumarle encima la responsabilidad de resolver ahí toda la jerarquía visual.

Mesa de trabajo con pruebas de impresión de planos para portafolio de arquitectura digital

Reconstruir los grosores en el panel de Trazo de Illustrator

El segundo camino empieza aceptando que el PDF de AutoCAD no va a salir perfecto, y que eso está bien. Lo primero que tuve que entender fue la equivalencia entre unidades: nosotros medimos en milímetros, pero Illustrator por defecto trabaja en puntos, y 1 pt equivale a 0.3528 mm. En una lámina A1 de 594 por 841 mm esa conversión decide si una línea se ve o desaparece del todo. Por debajo de 0.25 pt el plotter de la escuela empieza a perder trazos, así que ese número se convirtió en mi límite inferior no negociable.

Antes de tocar un solo grosor, paso el archivo por mi técnica para limpiar planos de AutoCAD, que quita duplicados y capas sueltas antes de que engorden el archivo sin sentido. Solo después de ese paso tiene sentido abrir el panel de Trazo y decidir, línea por línea, qué peso visual merece cada elemento.

La jerarquía de tres niveles, aplicada a mano

Simplifiqué todo a tres niveles en vez de perderme entre veinte grosores distintos. Medio punto para el corte: muros de carga, forjados y terreno, todo lo que la línea de sección atraviesa de verdad. Dos décimas para las proyecciones: mobiliario, carpinterías en segundo plano, líneas de suelo. Una décima para texturas y detalles: tramas de hormigón, despieces de azulejo, sombras suaves. Para esas texturas concretas uso pinceles que merecen su propia entrada aparte, así que aquí las dejo solo como el nivel más fino de la jerarquía.

Captura de pantalla de Illustrator para arquitectos usando seleccionar mismo color de trazo

Fijada esa base, el ajuste fino llega por proximidad: el muro más cercano al observador lleva un trazo ligeramente más denso que el mismo muro visto al fondo de la perspectiva, aunque ambos compartan grosor técnico. Lo resuelvo jugando con la opacidad de cada trazo, y para aplicar el cambio a un grupo entero uso Seleccionar > Mismo > Color de trazo, que en dos clics cambia toda una categoría si antes fui ordenada con las capas, algo que dejé resuelto aparte cuando escribí sobre organizar capas en Illustrator para paneles de arquitectura. Cada nodo que fijo con el ratón deja un chasquido seco que ya asocio con este tipo de ajuste fino.

Inma, mi compañera de piso, se asomó una tarde a la pantalla mientras yo probaba estos grosores y soltó, sin que se lo pidiera, que el gris de fondo seguía compitiendo con el corte. No se lo había preguntado, pero tenía razón: bajé un poco más la opacidad de las proyecciones y la lectura mejoró de inmediato.

Estudiante de arquitectura revisando su portafolio de láminas de tesis colgadas en la pared

El camino más conveniente para una lámina de tesis

El CTB tiene sentido cuando el plano es solo de trabajo interno, para revisar con el tutor o comprobar cotas antes de una entrega parcial: ahí no compensa invertir tiempo en Illustrator por algo que nadie va a colgar en la pared. Pero para la lámina final que sí se expone ante un tribunal, reconstruir la jerarquía a mano en el panel de Trazo da un control que el CTB nunca alcanza, porque permite decidir grosor por elemento y no por capa completa.

Chema Berlanga, que escribe desde Ciudad de México y suele compartir estas notas en grupos de estudiantes mexicanos, me preguntó hace poco por qué no confiaba directamente en la configuración de AutoCAD si ya la tenía medio resuelta. Esa pregunta terminó de darle forma a esta comparación: no es que un camino sea flojo, es que resuelven problemas distintos, y confundirlos es lo que arruina una lámina de tesis.

El flujo completo de pasar un archivo de AutoCAD a los paneles finales de Illustrator da para su propio repaso, igual que la composición general de la lámina —dónde va cada pieza cuando el tiempo aprieta antes de una entrega—. La jerarquía también se construye por color en la paleta de presentación, y eso lo dejo para cuando hable de mis paletas concretas. Aquí me quedo solo con los grosores, porque fue lo que me hizo mirar dos veces una sección que antes se leía como una mancha uniforme. La legibilidad de una lámina no depende solo de eso: las tipografías para portfolios de arquitectura que elijo para las leyendas pesan casi igual de fuerte. Cuando el plotter escupe la lámina ahora, ya no me da miedo verla desde lejos: sé qué grosor puse en cada línea y por qué.